El flujo vaginal se compone de lo siguiente:
Secreciones o moco producido por la piel uterina, el endometrio y la válvula de Bartolino.
Células muertas del cuello uterino y el epitelio vaginal.
Líquido que atraviesa las paredes de los vasos sanguíneos, que transportan sangre a los órganos del aparato reproductor.
Una gran cantidad de bacterias que colonizan la vagina.
Secreciones producidas por las glándulas sebáceas y sudoríparas del vestíbulo vulvar.
En resumen, el flujo vaginal se compone de moco, agua y células que se encuentran normalmente en el cuerpo.
Además, el flujo vaginal es completamente normal y no es desagradable. Es tan natural como la saliva en la boca.
¿Cuándo es el flujo vaginal indicativo de una enfermedad?
Normalmente, el flujo es inodoro; blanco o transparente; espeso y pegajoso; o líquido y elástico.
Sin embargo, si el flujo es inusual, puede indicar:
Infección por hongos: En este caso, el flujo es grumoso. Vaginosis bacteriana: Este es el flujo que genera el famoso olor a pescado.
Tricomoniasis: Este flujo es amarillo o verdoso y espumoso.
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