Y quizás lo más poderoso: es un recordatorio de que la verdadera autoridad no se apropia. Se lleva —con ligereza, deliberación y gracia— en la mano que construye el futuro.
Así que la próxima vez que te pongas un anillo en la mano derecha —ya sea el sello de tu abuelo, una alianza geométrica moderna o una piedra de río lisa engastada en plata—, recuerda esto:
No solo estás complementando.
Estás alineando.
Estás declarando.
Estás listo.