Tras bambalinas: cómo el artista engaña a la vista
La ilusión se basa en un sutil dominio del espacio negativo.
El artista juega con huecos, nudos y grietas para delinear rostros, equilibrando el vacío y la materia para difuminar nuestra percepción.
Un elemento contrastante se convierte en un pómulo, una astilla de corteza se transforma en una pupila…
Es el mismo principio que las siluetas parisinas que reconocemos a contraluz: tres curvas bien colocadas son suficientes para crear un rostro.
¿Cuántos encontraste?
Se acabó el misterio: el árbol esconde 14 rostros.
Perfiles de tres cuartos, miradas directas, expresiones variadas: sorprendida, soñadora, traviesa.
¿Menos de 14? Revisa tus observaciones con nuestros consejos.
¿Más de 14? Tienes muy buen ojo (o una imaginación desbordante, ¡y eso nos encanta!).
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