Poco antes de la boda, la novia escuchó la confesión del novio y decidió vengarse de él

Otra voz respondió con un silbido de admiración.

¿Y Camila?

Rafael soltó una risa fría.

Camila es la puerta. Solo necesito que se abra

Camila permaneció inmóvil entre los árboles. El perfume de las flores que ella misma había elegido para « el día más feliz » se mezclaba con un sabor amargo y metálico. Se le secó la boca. La sangre le afluyó a los oídos. En su mente, como piezas de un rompecabezas, recuerdos que antes parecían inocentes comenzaron a encajar: las preguntas de Rafael sobre contratos, proveedores, rutas logísticas; su emoción al escuchar « Acevedo Transportes »; su interés exagerado en « cómo funciona el poder notarial ».

No era amor. Era un plan.

—Además —continuó Rafael—, el viejo ya está entrado en años. Con un pequeño empujón legal, Camila ni se dará cuenta. Todo quedará en familia.

La risa resonó entre las palmeras como aplausos. Camila sintió que el vestido, momentos antes un símbolo de esperanza, ahora era una jaula de encaje.

Podía huir. Podía gritar. Podía detenerlo todo. Solo tenía que enfrentarse a los invitados y decir la verdad.

Pero algo dentro de ella, algo nuevo, más frío y más claro, se negaba a darle a Rafael una salida fácil.