Es muy tarde —continué—. Criaste tu ausencia durante décadas. Ahora cosecha lo que sembraste.
—Por favor, solo necesito...
—¿Dinero? ¿Cuidados? ¿Compañía? —Negué con la cabeza—. Vete a pedírselo a las personas que estuvieron ahí todos estos años. Oh, espera, no hay nadie, ¿verdad?
Me dirigí hacia la puerta para cerrarla definitivamente.
—Carmen... —Su voz se quebró—. Solo quiero una oportunidad de conocerte.
Me detuve en seco y me volteé hacia él.
—¿Conocerme? Soy contadora, tengo dos hijos, estoy casada hace doce años con un hombre bueno que sí sabe lo que significa ser padre. Me gusta el café cargado, leo novelas los domingos y cocino terrible. Tuve pesadillas hasta los quince años preguntándome qué había hecho mal para que mi papá no me quisiera. —Hice una pausa—. Ahí tienes. Ya me conoces. ¿Era eso lo que querías?