No sabía...
—¡No sabías porque no quisiste saber! —Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas—. ¿Sabes qué hice en mi boda? Le pedí a mi tío que me llevara al altar porque mi padre, MI VERDADERO PADRE, no estaba ahí. ¿Sabes lo que sentí cuando nació mi hija y no tenía abuelo paterno que la conociera?
El hombre se tambaleó ligeramente. Por un momento pensé que se iba a desmayar.
—Carmen, por favor...
—No. —Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano—. No me llames así. No tienes derecho a llamarme por mi nombre. Soy una extraña para ti, igual que tú para mí.
—Pero necesito...
—¿Sabes qué necesitaba yo? Necesitaba un padre que me enseñara a andar en bicicleta. Necesitaba alguien que me dijera que era bonita cuando tenía complejos de adolescente. Necesitaba una figura paterna cuando los chicos del colegio me molestaban. —Mi voz se hizo más suave, más dolida—. Necesitaba saber que valía la pena ser amada por un padre.
Vi como sus ojos se llenaron de lágrimas, pero ya no me importaba su dolor.