Parte 4: Después de que el regalo recibiera su nombre
Los días siguientes fueron de procedimiento. Se preservaron las pruebas. Se marcaron las cuentas. Se enviaron las notificaciones formales. El tono de Adrián pasó de la confianza a la conciliación. Propuso soluciones que sonaban generosas hasta que María pidió control, divulgación y reembolso.
Esas solicitudes pusieron fin a la negociación.
Elena se quedó con amigos. Yo me quedé en casa. Hablábamos a menudo, no de dinero, sino de confianza: lo fácil que es pedirla prestada y lo difícil que es recuperarla.
Cuando el activo se transfirió a nombre de Elena y la estructura se desmanteló, nadie celebró. El alivio no parece alegría. Parece tranquilidad.
"Papá", dijo Elena una noche, "usé tu nombre porque me sentía más segura".
"Lo sé", dije. "No debería haber sido así".
Esta historia no trata sobre un condominio. Trata sobre la facilidad con la que se usan las buenas intenciones cuando el papeleo se esconde tras el encanto.
Si estuvieras en el lugar de Elena, ¿lo habrías cuestionado antes o habrías confiado más tiempo? Y si alguien usara tu nombre para mover dinero, ¿qué harías primero?