En la boda de mi hija, su suegra le dio un regalo. Dentro había un uniforme de sirvienta. Mi yerno se rió: «Lo necesitará en casa». Mi hija empezó a temblar entre lágrimas. Me levanté y dije con calma: «Ahora abre mi regalo». La sorpresa en sus caras lo decía todo.

Comparto esta historia no solo por Laura, sino por todas las mujeres que han reprimido sus lágrimas en días de alegría.

Si estuvieras en mi lugar, ¿qué habrías hecho?
¿Habrías defendido a tu hija públicamente, incluso si eso hubiera interrumpido la boda?

Cuéntame. Me gustaría mucho saber qué elegirían otras personas (padres, parejas, futuras novias).