Cuando quieres influir en la química de tu cuerpo, normalmente piensas en tragar una pastilla o comer un alimento determinado. Esa es la vía oral, y es efectiva, pero también lenta e ineficiente. Todo lo que ingieres debe primero sobrevivir al ácido del estómago, luego pasar por los intestinos, ser procesado por el hígado y finalmente entrar al torrente sanguíneo. Este proceso puede ser largo, y gran parte de la sustancia original puede descomponerse o perderse en el camino.
La absorción sublingual, que simplemente significa "debajo de la lengua", es una revolución total. El suelo de la boca está revestido por una vasta red de diminutos vasos sanguíneos llamados capilares, que se encuentran increíblemente cerca de la superficie. Al colocar una sustancia allí, se disuelve y pasa directamente a través de la fina membrana al torrente sanguíneo. Es una vía de acceso directo que evita por completo el sistema digestivo. Por eso, algunos medicamentos de emergencia, como la nitroglicerina para infartos o ciertos suplementos de vitamina B12 para personas con problemas de absorción, están diseñados para tomarse de esta manera. Garantiza rapidez y eficacia.
Al colocar unos gránulos de sal del Himalaya debajo de la lengua, utilizas esta misma vía rápida para llevar una compleja gama de oligoelementos directamente a donde más se necesitan, lo que les permite empezar a influir en tu sistema nervioso casi al instante.
2. No se trata del sodio, sino de los más de 84 oligoelementos
Abordemos el tema candente: la sal. Nos han enseñado a desconfiar del sodio, y con razón, cuando se trata de la sal de mesa blanca, altamente procesada y desmineralizada, que se encuentra en la mayoría de los alimentos envasados. Pero la sal del Himalaya es algo completamente diferente. Esta antigua sal marina sin refinar obtiene su hermoso tono rosado de un rico espectro de más de 84 oligoelementos y elementos, incluyendo potasio, magnesio y calcio. Cuando usas el método sublingual, solo utilizas una pizca, una cantidad insignificante de sodio.
La magia no está en el cloruro de sodio; está en la sinfonía de otros minerales. Tu cuerpo es una máquina eléctrica. Cada pensamiento, cada movimiento y cada latido de tu corazón se rige por señales eléctricas. Los minerales son las bujías que hacen posible todo esto. El magnesio ayuda a relajar los músculos y calmar el sistema nervioso. El potasio es crucial para mantener el equilibrio hídrico y el ritmo cardíaco. Estos minerales, incluso en microdosis, proporcionan los electrolitos esenciales que tu sistema nervioso necesita para funcionar de forma óptima. No solo estás saboreando la sal; le estás proporcionando a tu cuerpo un perfil mineral complejo y equilibrado que reconoce al instante y puede utilizar para restablecer el equilibrio.
3. Hackeando tu Sistema Nervioso Autónomo
Tu cuerpo tiene un increíble sistema operativo integrado que funciona en segundo plano, controlando todo, desde los latidos del corazón y la respiración hasta la digestión y la respuesta al estrés. Este es el sistema nervioso autónomo (SNA). Tiene dos ramas principales que trabajan en oposición: el simpático y el parasimpático.
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