Afuera, bajo un cielo despejado, Jordan envió un mensaje a Recursos Humanos exigiendo capacitación obligatoria en empatía y turnos mensuales de piso para todos los gerentes. Luego regresó, se ajustó el delantal y tomó otro pedido con sincera gratitud. No como un millonario buscando el control. No como un jefe que acumula quejas. Sino como un hombre que aún creía que la amabilidad no debería ser algo excepcional ni condicional. Debería ser la base de cada lugar con su nombre en la puerta y de cada persona que lo cruzara.
El restaurante que le recordó quién era