Otra razón importante es simplemente moverse menos. A medida que las personas envejecen, pueden disminuir sus niveles de actividad, lo que crea un círculo vicioso: la falta de actividad debilita los músculos, lo que dificulta aún más la actividad.
La inactividad también puede contribuir a la mala circulación, la rigidez articular y afecciones como la diabetes tipo 2. Mantenerse activo, en cualquier forma posible, contribuye en gran medida a mantener las piernas fuertes.
3. Enfermedades crónicas
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Algunos problemas de salud a largo plazo también afectan la fuerza de las piernas. Por ejemplo, la artritis, la diabetes y la neuropatía periférica pueden reducir el equilibrio y la estabilidad, dificultando el movimiento.
Si desarrolla daño nervioso debido a la diabetes, puede tener miedo a caerse, lo que le obliga a permanecer quieto, lo que solo empeora la debilidad.
Colaborar estrechamente con su médico para controlar estas afecciones, junto con fisioterapia y ejercicio, puede ayudar a prevenir un mayor deterioro.
4. Problemas de espalda
Las afecciones lumbares, como la estenosis espinal, las hernias discales o la ciática, pueden afectar los nervios que llegan a las piernas, causando debilidad o dolor. Compra vitaminas y suplementos.
Estos problemas suelen hacer que te sientas reacio a moverte, pero mantenerte lo más activo posible sigue siendo clave. Los ejercicios suaves, guiados por un fisioterapeuta, pueden ayudar a controlar el dolor y a proteger la fuerza de las piernas.
Si experimentas entumecimiento, hormigueo o debilidad intensos, consulta a un médico para obtener asesoramiento especializado.
5. Falta de motivación